En el noreste de la provincia de San Juan, donde el desierto se abre en formaciones rocosas de siluetas imposibles, se extiende el Parque Provincial Ischigualasto, más conocido como el “Valle de la Luna”. Desde el año 2000, este territorio integra la lista de sitios declarados Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, junto con el vecino Parque Nacional Talampaya, en la provincia de La Rioja.
Un paisaje único en el planeta:
Ischigualasto es una cuenca geológica donde se depositaron sedimentos continentales formados hace más de 200 millones de años. Sus formaciones de roca —de tonos que van del gris ceniza al rojo bermellón— fueron esculpidas durante milenios por el viento y el agua, dando origen a siluetas que hoy son íconos del lugar: El Hongo, El Submarino y la Cancha de Bochas, entre otras.
Pero la fama de Ischigualasto no se debe solo a su belleza escénica. Se trata de uno de los yacimientos fosilíferos más ricos del planeta y el único lugar en el mundo que revela la evolución de la vida durante el período Triásico a través de una secuencia fósil prácticamente ininterrumpida. Ese registro incluye restos de algunos de los dinosaurios más antiguos conocidos: en los últimos 25 años, los paleontólogos que investigan en la zona descubrieron cinco de las siete especies de dinosaurios primitivos más antiguas del mundo, entre ellas el célebre Eoraptor lunensis.
Del área protegida al reconocimiento mundial:
El parque fue creado por la provincia de San Juan mediante la Ley 3.666, del 3 de noviembre de 1971, con el objetivo principal de proteger sus yacimientos paleontológicos. En 1995 recibió la categoría de Lugar Histórico Nacional, y finalmente, el 29 de noviembre de 2000, la UNESCO lo inscribió en la Lista del Patrimonio Mundial junto con Talampaya, reconociendo el valor científico excepcional de sus formaciones geológicas y su riqueza fósil. Ese logro tuvo un artífice clave: William Sill, paleontólogo estadounidense radicado en San Juan desde 1969, fue precursor de la investigación en Ischigualasto y, gracias a su gestión, se logró la inscripción del parque como Patrimonio de la Humanidad. Hoy, un museo de sitio lleva su nombre en homenaje a ese trabajo pionero.
Un destino que sigue creciendo:
Cada año, miles de visitantes recorren los cerca de 40 kilómetros del circuito turístico tradicional en convoyes guiados, a unos 300 kilómetros de la ciudad de San Juan. El recorrido —de aproximadamente tres horas— combina la observación de las geoformas más emblemáticas con paradas educativas sobre la historia geológica y paleontológica del lugar. Más de dos décadas después de su declaración como Patrimonio de la Humanidad, Ischigualasto sigue siendo un laboratorio a cielo abierto: un territorio donde la ciencia, el paisaje y la memoria profunda de la Tierra se entrelazan en cada capa de roca expuesta al sol del desierto sanjuanino.
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