En el corazón del norte argentino, en la provincia de Santiago del Estero, se levanta una ciudad que le debe su nombre y su identidad al agua: Termas de Río Hondo. Se trata de uno de los centros termales más importantes de Sudamérica y la única “ciudad termal” del país, un lugar donde el descanso y la salud se combinan con siglos de historia.
Aguas que vienen de las profundidades:
La ciudad está asentada sobre una gran cuenca mineralizada, con aguas termales que surgen naturalmente desde más de 14 napas mesotermales, a temperaturas que van de los 30°C a los 85°C, y que llegan directamente a cada grifo, pileta y alojamiento del lugar. Según su temperatura, estas aguas se clasifican en mesotermales, hipotermales e hipertermales, y se destacan por su moderada mineralización y aplicación medicinal.
Ese caudal termal se origina en las abundantes lluvias que caen sobre el faldeo oriental de la Sierra del Aconquija, que luego se infiltran a gran profundidad, se cargan de minerales y emergen finalmente en la superficie, listas para ofrecer sus propiedades terapéuticas.
Un destino sagrado desde tiempos antiguos:
Mucho antes de convertirse en el polo turístico que es hoy, estas aguas ya eran veneradas. Los incas las descubrieron y utilizaron racionalmente, llamándolas Yacu Rupaj, o “las Milagrosas Aguas Calientes”, antes de la llegada de los españoles a estas tierras. Las aguas del río Dulce, que atraviesa la ciudad, eran conocidas desde la época precolombina como las Aguas del Sol.
Con el correr de los siglos, el prestigio del lugar no hizo más que crecer. Hacia comienzos del siglo XX, el pueblo tenía apenas 300 habitantes, aunque ya empezaban a levantarse los primeros hoteles para recibir turistas —el primero se construyó en 1884— y se estima que en 1902 llegaban a alojarse allí cerca de 2.500 personas al año.
Bienestar todo el año:
Hoy, Termas de Río Hondo combina su vocación termal con una oferta que va mucho más allá del descanso. El destino se ha consolidado desde hace décadas como uno de los más destacados a nivel nacional gracias a sus aguas termales, la excelencia de sus parques termales y sus establecimientos hoteleros, a lo que se suman propuestas de turismo náutico, de naturaleza y de aventura en torno al Dique Frontal y su lago artificial.
El clima subtropical de la región, con temperaturas invernales que superan los 23°C, convierte al lugar en un destino ideal durante todo el año, aunque especialmente en invierno, cuando miles de visitantes —muchos de ellos jubilados— llegan en busca de tratamientos termales guiados por profesionales médicos.
Entre historia inca, tradición hotelera centenaria y aguas que brotan desde las entrañas de la tierra, Termas de Río Hondo sigue siendo, más de un siglo después de sus primeros hospedajes, un verdadero oasis de bienestar en el norte argentino.
Fotogalería:






