La obra nació como un gesto de afecto y agradecimiento de la colectividad española residente en el país. Fue concebida para conmemorar el Centenario de la Revolución de Mayo de 1810, buscando dejar un legado monumental permanente en el espacio público porteño.
El proyecto estuvo a cargo del prestigioso escultor catalán Agustín Querol, quien diseñó una estructura monumental pensada al detalle. Tras el fallecimiento de Querol, la finalización de los trabajos recayó en manos de otro destacado artista, Cipriano Folgueras.